Regulación de la factura electrónica en México: ¿Beneficios u obligaciones?


Por: Javier Vega Flores - PEGASO TECNOLOGÍA

Quizá habrán escuchado de la metáfora del niño y el burro: El burro jala un vagón, mientras el niño que lo maneja va enseñándole al burro una zanahoria que cuelga de un hilo. El burro camina para alcanzar la zanahoria, pero desde luego ésta queda siempre por delante de él. Mientras tanto, el niño sostiene un mazo que utiliza para recordarle al burro que debe seguir caminando cuando se detiene. En suma, a veces utiliza la zanahoria y a veces el mazo: Lo que mantenga al burro y al vagón moviéndose.


Los gobiernos, regularmente utilizan una zanahoria y un mazo para hacer que sus programas avancen y funcionen. México ha utilizado ambos en los últimos 10 años para impulsar el proyecto de la factura electrónica y el vagón… se está moviendo. México ha pasado por un proceso de adopción de la factura electrónica en los últimos 10 años. Todo comenzó cuando la industria de venta al detalle pidió al gobierno de México incluir la factura electrónica como parte de su programa de modernización como herramienta para acelerar los ciclos comerciales. Sin embargo, otros países como Chile habían comenzado unos años antes.

En los primeros años del proyecto en México, no se implementó como obligatoria la factura electrónica, se trataba más bien de un proyecto piloto. Sin embargo, el gobierno se acercó a varias grandes compañías para apoyarlas en la adopción de este nuevo modelo.

Antes de la factura electrónica
Antes de la factura electrónica, todos los negocios tenían que ir a las imprentas autorizadas por el SAT para solicitar la impresión de sus folios para realizar facturas (existían varios centenares de imprentas autorizadas en todo México). Estas imprentas reportaban al Servicio de Administración Tributaria, SAT, para informar diariamente de las transacciones que tenían con los contribuyentes, y proporcionaban datos a la autoridad sobre el número de facturas que una persona física o moral solicitaba.

Aquellos interesados en convertirse en imprentas autorizadas por el SAT presentaban su solicitud para que el SAT acreditara que se trataba de un contribuyente registrado y al día en sus obligaciones fiscales. Posteriormente, la persona física o moral recibía la aprobación para operar como imprenta autorizada por el SAT.

Compañías de gran escala, como los bancos y las telecomunicaciones, que entregaban millones de declaraciones o facturas todos los meses, podían pedir un permiso especial para imprimir sus propias facturas. El SAT aceptó aprobar un esquema en el que dichos contribuyentes tenían que proporcionar un diagrama de su infraestructura de impresión y proporcionar el mismo detalle que las empresas de impresión autorizadas por el SAT para vender el formato impreso. Se convirtieron en los "Auto-impresores".

Los inicios
Una vez que la factura electrónica se puso en marcha, estos "Auto-impresores" fueron los primeros en ser obligados a migrar a la factura electrónica, si querían conservar el mandato de tomar sus propias facturas "en casa". Para el resto de los contribuyentes, seguía siendo una opción, no una obligación migrar a la factura electrónica.

Pasar de papel a electrónico trajo un poco de estrés inicial, pero después de la implementación se identificaron los ahorros y la comodidad que superaron la tarea extra de aprender el modelo al inicio.

Muy pronto, los minoristas a gran escala pidieron a sus proveedores entregar también una factura electrónica, para que pudieran procesar el ciclo comercial (órdenes de compra, avisos de envío, notas de recepción, facturas, notas de crédito y notificaciones de pago) a través de un mecanismo electrónico completo con el fin de procesar sus pagos.

Pocos años más tarde, el SAT define que las empresas y los individuos que tuvieran determinados ingresos o ventas anuales, sólo podrían expedir facturas electrónicas. Este umbral se amplió para el año siguiente y durante este periodo, la masa crítica ya estaba tomando forma.

Para el año 2014, todos los contribuyentes (personas físicas y morales), excepto los habitantes de zonas determinadas en las que no se encuentra disponible internet, deben expedir factura electrónica.

El futuro
Los llamados microempresarios son los pequeños contribuyentes que cuentan con puntos de venta y prestación de servicios a lo largo y ancho del país. Carpinteros, tienditas de abarrotes, vulcanizadoras, etc, que durante años, han pagado solamente una cuota fija reducida del impuesto sobre la renta, ISR. El SAT ha establecido que todos ellos (más de 3 millones de contribuyentes) deben incorporarse al régimen fiscal general.

Ellos recibirán una tasa preferencial para el pago del ISR durante los próximos 10 años, que va disminuyendo año tras año. Sin embargo, ahora éste régimen de contribuyentes denominado régimen de incorporación fiscal, RIF, puede emitir facturas. Si bien anteriormente los micro-negocios ya podían vender o prestar sus servicios a otros contribuyentes registrados, no se les permitía expedir facturas, lo cual desalentaba las relaciones con clientes y proveedores de mayor escala.

A partir de 2014, estos microempresarios aumentarán su negocio, ya que serán capaces de proporcionar facturas y acceder a nuevos mercados de oferta y demanda.

México emitió aproximadamente 5 mil millones de facturas durante el año pasado y este número podría aumentar considerablemente en los próximos años.

En suma, México ha administrado correctamente los beneficios y las obligaciones de los contribuyentes a lo largo de la última década en materia de tributación digital. Por su parte, el mercado ha contribuido significativamente también a incorporar a otros contribuyentes en el uso de la factura electrónica para beneficio de todos los participantes.

Se necesita de la zanahoria y el mazo para avanzar el vagón. México lo ha hecho y con ello ha llevado la emisión de miles de facturas hasta los mil millones de transacciones actuales. Ha tomado 10 años, pero ha valido la pena.